jueves, 12 de febrero de 2015

Taller en Esta es una plaza

El jardín comunitario Esta es una plaza impartirá un taller gratuito de agricultura ecológica. Guiados por un experto ecoagricultor haremos un repaso por el Ecosistema huerto, su cuidado ecológico, prestando especial atención a las plantas que cuidan plantas (Cuidados fitosanitarios para los cultivos).



La prima de riesgo alimentario podría dispararse

El informe “TTIP ex, borrando derechos” analiza cómo la aprobación del acuerdo TTIP afectaría a nuestra seguridad alimentaria.
El TTIP propone borrar o rebajar a la mínima expresión las regulaciones europeas relativa a transgénicos, al uso de plaguicidas,  al uso de hormonas y antibióticos en la producción animal,  relajar las normas de  etiquetado alimentario y  las  inspecciones sanitarias. Quiere llevarse por delante el principio de precaución que se establece en el tratado de funcionamiento de la unión europea y que sitúa a la política y a la preservación de la salud humana y ambiental por encima de la incertidumbre científica.
En definitiva este Macroacuerdo, que ya va por su octava ronda de negociación de espaldas la ciudadanía, que pretende asemejar la regulación europea a la americana  para el beneficio de las grandes corporaciones,  supone una grave amenaza para nuestra seguridad alimentaria y nuestra salud.

DESCARGA EL INFORME 

CAMPAÑA NO AL TTIP

Los transgénicos quedarán fuera del tratado comercial entre UE y EEUU

Publicado en Público

El pasado viernes, el jefe negociador de la Unión Europea del Tratado Comercial con Estados Unidos (TTIP, en inglés), Ignacio García Bercero, aseguró que la UE ni los Estados miembros en ningún caso rebajarán sus legislaciones o regulaciones para adaptarlas a las del país norteamericano con motivo de este acuerdo comercial. Hoy, la Comisión Europea ha hecho público en su página web su propuesta formal de cooperación regulatoria sobre este acuerdo comercial así como dos documentos informativos sobre dicha propuesta en los que asume que la armonización legal en ámbitos como los alimentos transgénicos, el sector químico o los alimentos tratados con hormonas será imposible, con lo que quedarán fuera del TTIP.

“Hay áreas en las que las regulaciones de la UE y los Estados Unidos tienen diferentes enfoques regulatorios que implican diferentes niveles de protección”, reconoce uno de los documentos, mientras que fuentes de la Comisión Europea han recalcado que “en el caso de que pueda haber armonización legal, ambas administraciones trabajarán por conseguirla sin que se vea reducido en ningún caso el nivel de protección que existe en Europa, pero en el caso de que esto sea imposible, cada administración seguirá por su lado”.

Nuestras reglas permiten que algunos productos sean importados pero son mucho más estrictas que las de EEUU
Éste será el caso de los productos genéticamente modificados. Según explica uno de los documentos hechos públicos hoy, “la UE tiene una legislación muy detallada que establece cuándo y cómo éstos alimentos pueden ser cultivados y vendidos en la UE. Nuestras reglas permiten que algunos productos sean importados pero son mucho más estrictas que las de EEUU. En casos como éste”, sentencia el documento, “no es posible hacer ambos sistemas legales compatibles y el TTIP no hará nada por cambiar dichas leyes”.

El documento detecta situaciones similares en el sector químico y en el caso de los alimentos tratados con hormonas. En el primer caso, “está fuera de cuestión que un producto químico vaya a poder venderse en Europa sin cumplir con las normativas existentes en la UE, al margen de que pueda venderse o ser usado en los Estados Unidos, y el TTIP no va a cambiar la legislación actual”, según reza el documento.

"La legislación de la UE no bajará sus requisitos y no cambiará por el TTIP"
En cuanto a los alimentos tratados con hormonas “sucederá lo mismo. La legislación de la UE no bajará sus requisitos y no cambiará por el TTIP”. “El TTIP reafirma explícitamente la soberanía para asegurar que nuestras leyes y políticas [europeas] velen por un elevado nivel de protección a los consumidores y trabajadores así como medioambiental, sanitaria o de seguridad y en cuanto a la estabilidad financiera”.

Órgano de cooperación regulatoria
La Dirección General de Comercio de la Comisión también ha hecho público su propuesta legal sobre el órgano de cooperación regulatoria que se pretende establecer en el TTIP a fin de favorecer la colaboración entre la UE y Estados Unidos una vez esté implantado el acuerdo de libre comercio.

La creación de este órgano centró las negociaciones que la semana pasada mantuvieron en Bruselas los equipos negociadores de la UE y del gobierno norteamericano.

Fuentes de la Comisión han asegurado que se trataría de un órgano que en ningún caso sustituirá la función legislativa de los Gobiernos ni podrá vetar decisiones gubernamentales sino que estaría formado por representantes de alto nivel de las agencias reguladoras de ambas administraciones europea y norteamericana.

Entre sus funciones estarían las de fijar prioridades y líneas de trabajo, dilucidar soluciones en casos de conflictos puntuales, trabajar en común propuestas en sectores determinados así como vigilar el desarrollo futuro del TTIP una vez se implante.

Las fuentes señalaron que, según la propuesta de la Comisión, este órgano no incluirá a representantes del sector privado si bien se propone la creación de un foro de consulta a la sociedad civil, en el que estarán representados todos los sectores implicados, desde sindicatos y empresas hasta organizaciones de consumidores, ONG medioambientales, etc.

Bruselas insiste en que la cooperación regulatoria entre la UE y EEUU debe basarse en dos principios: no cuestionar el nivel de protección medioambiental o social de la legislación vigente y tampoco socavar el derecho a regular de las partes.

jueves, 5 de febrero de 2015

La ciudad comestible

La localidad alemana de Andernach sustituye sus zonas verdes tradicionales por huertos cuidados por los vecinos, que pueden llevarse gratuitamente los productos cosechados

Cuando Thomas Manz quiere cocinar unas verduras u hortalizas, coge su cesto, sale a la calle y las recolecta en alguno de los espacios públicos de su localidad, Andernach, una población de unos 30.000 habitantes al norte del estado alemán de Renania-Palatinado. Se hace con una col, unos calabacines o cualquier otro producto que ya esté en su punto y se los lleva a su cazuela. “Vengo un par de veces por semana y me dejo inspirar por lo que encuentro”, dice.
Los vecinos de Andernach pueden proveerse de los vegetales que crecen en los huertos que yacubren una quinta parte de los parques, jardines y zonas verdes de la villa. Tomates, uva, calabazas, manzanas, pimientos, lechugas, fresas, hierbas aromáticas, incluso cereales y numerosas flores de colores prosperan en lugares como el paseo que sigue la orilla del Rin o el foso del viejo castillo medieval a la espera de que cualquier ciudadano acuda a recogerlos para aportar a su dieta unos ingredientes ecológicos, de insuperable proximidad y totalmente gratuitos.
Los cultivos cubren ya 8.000 metros cuadrados del centro y unas 13 hectáreas a las afueras
El Ayuntamiento financia el mantenimiento de los cultivos, del que se encarga un equipo de una veintena de ex parados de larga duración que reciben un pequeño salario a cargo de subsidios federales, y el presupuesto municipal incluso ahorra dinero, ya que el cuidado de estos espacios, que no es preciso replantar una o más veces al año, resulta mucho más económico que antes, admite el alcalde Achim Hütten, del Partido Socialdemócrata (SPD).
Pero el beneplácito del consejo municipal no fue tan fácil de obtener al principio para el impulsor de la idea, el funcionario de la Oficina de Planificación Urbana Lutz Kosack. “Los políticos se oponían: temían que los espacios verdes se echasen a perder o se deterioraran, tenían miedo al vandalismo, y al rechazo de la ciudadanía”, recuerda.
Hasta que vieron los números: 100 tomateras plantadas en un parterre a orillas del río salían por poco más de un euro y medio la unidad, mientras el mantenimiento del banco que había allí antes, víctima frecuente de los gamberros, llegaba a costar 500 euros al año al contribuyente. Un metro cuadrado de tulipanes que había que replantar continuamente, o sustituir por otras flores, costaba 60 euros al año. Los arbustos que lo ocupan ahora le cuestan a la ciudad 10 euros, y encima proporcionan frutos.
Y cuando vieron el entusiasmo con que los vecinos acogieron el proyecto de la Ciudad comestible, que arrancó en la primavera de 2010, los ediles desterraron ya todas sus dudas. Se dieron cuenta de que desde el consistorio también se podrían recoger –literal y figuradamente– sus frutos.
Ovejas y gallinas
Poco a poco, en Andernach, los letreros de “No pisar la hierba” fueron siendo sustituidos por los de “Coja lo que quiera”. Kosack logró ir reemplazando los aburridos setos y parterres (“cementerios de plantas”, los llama) por huertos donde bulle la actividad, humana, animal y vegetal, y en los que el paisaje cambia radicalmente en cada estación. “Es algo fantástico: pasar las vacaciones aquí es mejor que ir a Italia”, manifestaba una veterana residente a la TV pública alemana.
En total, los cultivos cubren ya unos 8.000 metros cuadrados del tejido urbano de Andernach. Y, además, alrededor de la ciudad se extienden otras 13 hectáreas de terrenos municipales donde, a cargo del erario público, se practican ecológicamente la agricultura y la ganadería (con felices pollos y ovejas que se alimentan entre flores). Eso sí, los productos de origen animal (carne y huevos) no pueden recogerse a voluntad: deben adquirirse en una ecotienda a precios subvencionados.
La ciudadanía se ha involucrado muy activamente en el proyecto y ello ha abaratado enormente sus costes: muchos vecinos cavan, siembran, riegan, podan y, por supuesto, cosechan en los huertos. Se organizan apasionados debates sobre qué plantar en cada parcela, o cómo hacerlo, explica otro de los cerebros de la iniciativa, la especialista en jardinería Heike Boomgaarden. E incluso quienes no participan directamente en las labores hortícolas miman y respetan igualmente las plantas, que crecen en parajes que antaño eran urinarios nocturnos o estaban cubiertos de basura. “La gente es consciente de que otras personas van a comerse las cosas que crecen allí”, se felicita Kosack.
El mantenimiento de estos espacios públicos es ahora mucho más barato 
Bien es cierto que no todos los beneficiarios del proyecto tienen el mismo nivel de conocimientos agrarios, por lo que muchos desenterraban las patatas antes de tiempo, o arrancaban frutos todavía por madurar. Hubo que proteger algunas plantaciones del libre acceso de los viandantes. Y ahora, los padres de la iniciativa se plantean colocar una red de semáforos que informarán de si determinado producto está ya listo para su consumo o si todavía debe aguardarse a que se complete su ciclo vital. 
Kosack y Boomgaarden apostaron por la sensibilización como una de las claves del proyecto. El proyecto Gran Abeja ha llevado la apicultura a las escuelas, donde los alumnos cuidan de colmenas y plantan especies vegetales ricas en néctar para ayudar a sobrevivir a las polinizadoras. Y también por la educación en la biodiversidad agrícola. Así, en 2010 se llegaron a plantar a los pies del castilloun centenar de variedades distintas de tomates. En 2011, 100 variedades de judías. Y en 2012, 20 clases distintas de cebollas. Y se han recuperado especies autóctonas que estaban al borde de la desaparición, como la manzana Namedia Gold o la almendra de Renania.
El éxito del experimento, que ya ha recibido un buen número de premios por su contribución al desarrollo sostenible, la alimentación saludable, a la lucha contra el cambio climático y al impulso de nuevas formas de participación social, lo está haciendo contagioso: más de 300 localidades y municipios de Alemania, Países Bajos, Suiza o Austria, incluso de Sudáfrica y Australia, han pedido información sobre el proyecto. Algunas, como las germanas Minden, Kassel o Waldkirch, o la austriaca Kirchberg y Wagram, ya se están volviendo también ciudades comestibles.

El sábado 7 de febrero de 12:00 a 13:30 Esta es una plaza

El sábado 7 de febrero de 12:00 a 13:30, los agrourbanitas de Esta es una plaza impartirán un taller gratuito sobre esta técnica, en el que no se requiere ningún conocimiento previo ni materiales.

El bokashi es una técnica japonesa para el precompostaje que permite tratar, sin problemas, residuos como la carne, los cítricos, huesos y material cocido, aumentando la capacidad y rapidez del compostaje.
En Esta es una plaza (EEUP) llevan un año experimentando con esta técnica y piensan que ahora es el momento de compartir experiencias y resultados. Nos proponen un pequeño taller donde explicarán en qué consiste el bokashi y cómo puedes colaborar con EEUP elaborando  tu propio precompostaje en casa.

¡Piensa globalmente, come localmente!

Gilles Billen para Globalízate, 28/01/2015

En los países industrializados hay un movimiento ciudadano muy activo, transmitido en algunas ocasiones por las autoridades públicas locales, que intenta promover la producción local de alimentos con el fin de recuperar el control de la nutrición, rehacer vínculos sociales que han sido destruidos con frecuencia por el alcance de la gran distribución y desarrollar la economía local. También los países en vías de desarrollo intentan reforzar el suministro local de alimentos, así como recuperar parte de su soberanía alimentaria, perdida tras décadas de políticas de mercados abiertos. Tanto a escala de comunidad como nacional, el objetivo de buscar fuentes locales de alimentos se presenta, por tanto, como una potente cuestión política y económica. Se ve confrontada, sin embargo, por la realidad del mundo actual, en el que el envío de productos alimentarios a largas distancias ocupa una gran parte de la producción agrícola: Lassaletta et al. (2014) calculan que una tercera parte de todas las proteínas producidas globalmente es redistribuida mediante el comercio internacional, mientras que un reciente estudio hecho en Francia muestra que los intercambios comerciales hechos a más de 200 km de distancia ¡representan más del doble de la producción agrícola (Le Noé et al, en prensa)!
El traslado transoceánico en contenedores de semillas de soja y otros alimentos es barato y, además, muchos estudios han mostrado que, en sí mismo, no significa una huella medioambiental si se compara con la que causan las propias prácticas agrícolas. Pasar de la agricultura química a la agricultura ecológica, que causan transferencias muy inferiores de nitrógeno al medio ambiente, tendría un impacto mucho mayor que el de reducir las "distancias del transporte de alimentos" (Weber and Mattews, 2008). Por ello, la cuestión que hay que plantearse es si buscar suministros locales de alimentos es bueno para el medio ambiente. Los economistas pueden argumentar los beneficios comparativos de producir cada tipo de alimento en el lugar del mundo más conveniente y usar el comercio internacional para su redistribución. Entonces, ¿es que aspirar a la autosuficiencia y la soberanía alimentaria pone en riesgo el óptimo medioambiental que la globalización podría ofrecer?
Basándose en los datos de la FAO, Billen, Lassaletta and Garnier (2014, 2015) establecieron un modelo del sistema agroalimentario en 12 regiones del mundo en término de flujos de proteínas entre tierras cultivables, praderas, ganado y nutrición humana, incluyendo las pérdidas del nitrógeno traspasado al medio ambiente en cada una de las fases de la cadena. Además de mostrar las grandes disparidades geográficas del actual sistema alimentario mundial, el modelo permitíaexplorar las posibilidades de cumplir las demandas de alimentos para el año 2050, basadas en proyecciones demográficas. Manteniendo inalterables las áreas cultivables actuales y los sistemas ganaderos y de cultivo de cada región, exploraron las posibilidades de "alimentar al mundo" de acuerdo con un número muy amplio de combinaciones de los tres controladores críticos: (1) la dieta humana (el volumen total de proteínas consumidas y el porcentaje de proteínas de origen animal incluido en ese total), (2) la producción ganadera local y (3) la intensidad de la fertilización de los cultivos en cada región. Los resultados muestran que alimentar a la población mundial prevista para el año 2050 implicaría, en general,niveles muy superiores de comercio inter-regional y de contaminación medioambiental por nitrógeno que el que se da con los niveles actuales, pero que los escenarios que recurren menos al comercio inter-regional producen menos pérdidas de N que se traspasan al medioambiente. Si se quiere establecer globalmente una dieta humana equitativa (en los términos de consumo proteínico igualitario, el mismo en todas las regiones del mundo), la fracción de proteínas de origen animal no debería exceder del 40% de una ingesta total de 4 kgN/per cápita/año (que es cercana a las recomendaciones dietéticas de la OMS, pero muy inferior al porcentaje de la dieta actual europea y norteamericana). También muestran que una mejora ligera del rendimiento agronómico en las regiones más deficitarias (principalmente el Magreb, Oriente Medio, el África subsahariana e India) posibilitaría no solo alimentar al mundo con una tasa mucho menor de comercio internacional (y por ello, con mayor soberanía alimentaria), sino que también reduciría con la eficiencia máxima la contaminación por nitrógeno del medio ambiente (véase Fig. 1).
Estos resultados indican que en una escala global, y contrariamente a lo que se suele afirmar, el objetivo de la soberanía alimentaria es coherente con la reducción de la contaminación medioambiental debida a la agricultura. En una escala local se ha demostrado en diversos ejemplos de Francia y España que la relocalización del suministro alimentario y el retorno a la conexión de la agricultura, la ganadería y el consumo de alimentos puede mejorar radicalmente la calidad del agua (Billen et al, 2009, Lassaletta et al., 2013). Van Grinsven et al (2015) han propuesto un escenario de extensificación de la agricultura europea y han mostrado que sería beneficioso tanto en los términos de los costes medioambientales como en los del suministro de alimentos en el mercado mundial. Ahora ya puede afirmarse con claridad que potenciar la autosuficiencia y la soberanía alimentaria no solo no pone en riesgo la seguridad global de la alimentación, sino que, muy al contrario, es la mejor opción para alimentar a las personas y salvaguardar el planeta.
Figura 1: En este diagrama se representa una amplia gama de escenarios para la alimentación del mundo en 2050 (suponiendo que no se produzcan cambios importantes en el área de tierra cultivable) de acuerdo con la cantidad requerida del comercio internacional (eje horizontal) y la contaminación medioambiental por nitrógeno resultante, inducida por las pérdidas de N en las tierras cultivadas (eje vertical).

1. La situación actual (2009) se caracteriza por una intensidad del comercio internacional de aproximadamente 25 millones de toneladas de proteínas N por año y por unas pérdidas de nitrógeno desde los cultivos al medioambiente de hasta 100 millones de toneladas al año.
2. Con la población mundial proyectada y la dieta calculada en cada región del mundo por los economistas, alimentar al mundo requeriría doblar la intensidad del comercio internacional y llegar casi a triplicarla contaminación de la agricultura.
3. Con una dieta equitativa (la misma en todas las regiones del mundo) establecida de acuerdo con las recomendaciones saludables de la OMS, hay muchas posibilidades de satisfacer los requisitos de la población mundial. Todos los escenarios requieren más comercio internacional y producirían más contaminación que la existente en la situación actual, pero los que tienen la tasa menor de comercio internacional son los que menos contaminación N producen.
4. Si se hace el esfuerzo de mejorar los rendimientos agronómicos de los países más deficitarios (Magreb, África subsahariana e India) hasta el nivel de alcanzar la capacidad de autosuficiencia en la dieta más baja posible, entonces es posible alimentar al mundo con la dieta equitativa óptima con un comercio y una contaminación N inferiores.
5. El escenario de autosuficiencia regional plena (no inter-regional) produciría una contaminación N significativamente inferior a la que se observa actualmente.